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viernes, 25 de febrero de 2011

TECNICAS DE DIRECCION DE ORQUESTA


Los estudios de las diferentes técnicas empleadas en la dirección musical oficialmente son relativamente recientes y la bibliografía sobre el tema es todavía reducida. No cabe duda que a dirigir se aprende dirigiendo, a componer componiendo y a orquestar orquestando, pero aquél o aquella que disponga de las nociones necesarias, y si es de una técnica elaborada y depurada mucho mejor, tendrá mucho camino recorrido.

 

En la mayoría de los tratados, libros, folletos o revistas que abordan este tema en sus dos vertientes: la dirección orquestal o la dirección coral, casi siempre hay una desproporción significativa entre lo dedicado a la orquesta, al coro, a la formación vocal o musical, a la persona del director, a la organización, a los consejos... y lo destinado a los procedimientos y desarrollos técnicos y analíticos.

Desde el nacimiento de  la figura del director hasta hace unas pocas décadas la persona que desarrollaba la función de dirigir era uno de los componentes de la orquesta o grupo coral, casi nunca se acudía a músicos ajenos a ella. Hoy, en cambio, se elige a personas altamente cualificadas que se hacen cargo de las agrupaciones musicales durante un período de tiempo más o menos largo; a éstos los llamamos directores titulares, y para series de conciertos específicos se cuenta con la figura de los directores invitados.

Dado el elevadísimo coste monetario, de tiempo y de personal que implican los montajes de los diferentes conciertos o espectáculos musicales, hoy se necesitan directores que con una técnica depurada sean capaces de hacer funcionar a cualquier  tipo de orquesta o coro empleando un reducidísimo número de ensayos. Esto también es aplicable a la enseñanza musical, un maestro con unas nociones básicas sobre la dirección musical tiene la posibilidad de conseguir buenos resultados sin emplear más tiempo y esfuerzo que el necesario, y sin necesidad de ampliar el número de ensayos.

El director es un músico con grandes conocimientos al cual se le ha encargado tocar un instrumento muy especial: la orquesta, los coros o ambos. Hoy los hemos convertido en unos divos. Algunos explotan esta posición muy bien y a su favor, y no pocas veces en detrimento del arte musical; otros viven su vocación al servicio de la música auténtica con grandes dosis de humildad y autenticidad; también encontramos a quienes adoptan ciertas posturas incompresibles y extravagantes que poco tienen que ver con el verdadero artista, y por último, tampoco faltan los atrevidos e ignorantes que se creen que lo saben todo, pero de éstos es mejor no hablar.

Hay otra figura que es la del compositor-director. El compositor es la persona que mejor conoce su obra, pero si no es buen director es difícil que consiga los resultados apetecidos, existen abundantes ejemplos que corroboran esta afirmación.
        
No nos es posible dar aquí una exhaustiva visión teórica de la técnica que más conocemos, me limitaré a esbozar algunos conceptos y contenidos, valorarlos, hacer un pequeño análisis y sobre todo a sembrar inquietudes. Han pasado los tiempos en los que cada director desarrollaba su propia técnica y suplía las carencias y las dificultades que podía encontrar con grandes dosis de trabajo y buena voluntad, exigiendo a músicos o cantores sacrificios innecesarios.

El director de orquesta o coro surgió a raíz de la problemática interpretativa que suponía la necesidad de aunar los criterios de los diferentes instrumentistas o cantores cuando las agrupaciones instrumentales o corales  fueron creciendo en número. Mientras estos grupos fueron reducidos, el clavecinista o uno de los músicos  era el encargado de dar las entradas generalmente con simples indicaciones de la cabeza.

Los primeros directores, si los podemos llamar así, se limitaban a marcar la pulsación dando golpes con la mano sobre el facistol. Más adelante lo hicieron golpeando con un bastón o una caña sobre el suelo, pero, como escuchar esos golpes era sumamente molesto, se optó por enrollar una hoja de papel y teniéndola asida por el centro, con simples balanceos se marcaba el tiempo. Más tarde estos procedimientos se sustituyeron por los brazos del director y para que éstos fueran más visibles ante las grandes masas orquestales, se prolongó uno de los brazos con la ayuda de la batuta.

Algunos grandes maestros han creado su propia técnica y a su sombra han surgido seguidores y escuelas que han perdurado con más o menos acierto. Este trabajo lo desarrollaremos sobre las enseñanzas recibidas en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid en las especialidades de Dirección de Orquesta y Dirección de Coros, con maestros formados en la escuela del gran director Sergiu Celebidache, de lo aprendido con algunos directores de escuelas francesas y del centro y norte de Europa y de lo que nos han transmitido un buen número de maestros españoles. Algunos requisitos esenciales son:

§         Relajación y tensión mínima. Para desarrollar con ciertas garantías de éxito las técnicas de dirección necesitamos ser capaces de adquirir una buena “relajación”, empleando en cada momento la “tensión mínima” necesaria que requiera la interpretación de la obra musical.

§         Continuidad de movimiento. Los ejercicios de “continuidad de movimiento” son esenciales para dominar esta técnica con corrección. Hemos de ser capaces de mover nuestros brazos en cierto número de tiempos, cambiando de dirección cuando se nos indique sin interrumpir el movimiento y sin doblarlos (romperlos) en las articulaciones naturales (codos y muñecas), y sin perder la flexibilidad, la elegancia y musicalidad de nuestros gestos. Esto debemos practicarlo tanto en “legato” como en “staccato”.
Lo primero que vamos a ver es lo que entendemos por dirigir, con ello evitaremos falsas interpretaciones y muchas de las controversias que surgen entre gentes de buena voluntad y, con demasiada frecuencia, con muy poca formación en este campo.



 

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